Nombres imprecisos y extensos, cuando no con “apellido”, como la enfermedad de Crohn, sumados a su clasificación de “poco frecuentes”, hacen de las Enfermedades Intestinales Infamatorias un padecimiento cuasi misterioso. Y los especialistas aseguran que es crucial cambiar esa situación, por el bien de quienes las padecen; y más que nunca en el contexto de cuarentena, porque puede poner en riesgo consultas y tratamientos, además de complicar más de lo que ya son (al ser enfermedades “raras”), los trámites necesarios para acceder al tratamiento, destacaron la Sociedad Argentina de Gastroenterología (SAGE) y la Federación Argentina de Gastroenterología (FAGE), entre otras instituciones.

“Cuando se oye ‘enfermedad inflamatoria intestinal’ suele suponerse una simple inflamación o exceso de gases, o algo como intestino irritable. Pero las EII no son enfermedades funcionales, sino orgánicas, con lesiones que se evidencian con endoscopías o biopsias ”, detalló Alicia Sambuelli, coordinadora del Grupo de Trabajo de EII del Hospital de Gastroenterología ‘Dr. Carlos Bonorino”. “Todo lo que lleve a discontinuar tratamientos es perjudicial -agregó-. Suspender medicamentos puede causar desarrollo de anticuerpos, y que cuando se retome el tratamiento haya reacción adversa, y se deba abandonar o aumentar significativamente la dosis”.

Las EII y sus síntomas

Son un conjunto de condiciones que incluyen la colitis ulcerosa, la enfermedad de Crohn y otras menos frecuentes, como la enfermedad inflamatoria intestinal no clasificable y la colitis indeterminada, que combinan rasgos de las anteriores. La colitis ulcerosa afecta el tracto inferior del intestino grueso y se extiende desde allí en longitud variable; la enfermedad de Crohn afecta el intestino delgado, el colon y, en algunas ocasiones, otras partes del tubo digestivo; y no es imposible que haya zonas sanas intercaladas.

Son enfermedades autoinmunes, por lo que no tiene cura, pero se pueden tratar. Tienen en común que el epitelio del intestino presenta una permeabilidad aumentada, lo que genera una estimulación exagerada del sistema inmunológico. No se conoce la causa, pero se sabe que influyen la predisposición genética, el inadecuado funcionamiento del sistema inmune y factores ambientales, entre ellos, sustancias relacionadas con la industrialización, la contaminación ambiental o el tabaquismo.

Los síntomas pueden ser muy variados y algunos (como diarrea, pérdida de peso, cansancio, fiebre o febrícula, sangrado rectal, dolor abdominal) inespecíficos. También pueden aparecer obstrucción intestinal y fístulas, que son como “grietas” que generan comunicaciones anormales con otros órganos.

Lo que trajo covid-19

“Las EII no parecen conferir un riesgo incrementado de contraerlo -señaló Juan Lasa, gastroenterólogo del Hospital Británico y CEMIC- y las recomendaciones son las mismas que para el resto. Sin embargo, sí se deben considerar pacientes de mayor riesgo individuos con EII en tratamiento con corticoides, inmunosupresores y/o biológicos, o con malnutrición”.

Destacó además que tanto la comunidad médica como los pacientes se han tenido que adaptar en poco tiempo a esta situación de pandemia. “Surgieron consultas a distancia, por teléfono o videollamada; incluso, el correo electrónico. La telemedicina ayuda a evaluar síntomas, tanto para saber si ameritan una consulta presencial como decidir la instauración de un tratamiento”, agregó.

“Hasta el momento, no hay registrados pacientes argentinos con EII que hayan contraído covid-19. Algunos están angustiados, pero de las comunicaciones con ellos surge que extreman cuidados y están informados. Lo que nos debería quedar de lo que estamos viviendo, es cómo lograr que los pacientes vivan mejor. Y quizás, en gran parte, pueda lograrse con estos métodos que deberíamos haber implementado antes de que la pandemia ocurriera”, destacó Sambuelli.